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Desde el rincón de los muertos y la memoria de sus
familiares. Aportes forenses de la antropología a los derechos humanos
(Parte 1)
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R. C. Parra y M. R.
Palma
Documento publicado en la revista Antropólogos Iberoamericanos
en Red (AIBR)
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“Interesarse en la memoria de las violencias no
es interesarse solo en el pasado, sino, muy al contrario,
permitir que el presente sea vivible y que pueda imaginarse el
futuro” Beatrice Poulingny (2004) “a la memoria de seis
personas dedicadas al transporte fluvial; y, a la fuerza
espiritual de sus familiares en el lejano Aucayacu” |
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El común de la gente -y también algunos profesionales de
otras especialidades- especulan cada vez que escuchan el término
antropología,
o cuando se topan con algún
antropólogo.
Los comentarios van desde ideas regularmente estructuradas, hasta
comentarios que consideran que somos un curioso atado de lunáticos, que
intentamos graduarnos de campesinos o de ilustres personajes como:
Chamanes, Pacos, Pongos, Maranis, etcétera. Que coleccionamos cacharros
viejos y huesos para los museos. Que estudiamos las extrañas costumbres
de los habitantes de lugares exóticos, entre otras ideas más, que no
seria una tarea difícil demostrarlo. En casi todos los casos, la
finalidad nunca les esta clara, y pueden llegar a pensar que tantos
esfuerzos o el objeto de las arduas investigaciones emprendidas no sirven
para nada.
A lo mejor, la gente no se da cuenta de la enorme
importancia y aplicabilidad del conocimiento antropológico, que
trasciende el hecho de observar e interpretar las dinámicas sociales
humanas, así como las distintas expresiones culturales y su reciprocidad
en fenómenos globalizantes. La antropología debe entenderse como la
disciplina que estudia a la humanidad en el plano de sus características
biológicas y de sus características únicas no biológicas, las cuales
llamamos “cultura”, directamente relacionados a factores medioambientales
y/o ecosistémicos. De esta manera la antropología se subdivide en tres
grandes subdisciplinas: La antropología Biológica –o física-,
Antropología sociocultural y la Arqueología –o el estudio del pasado por
medio de objetos-. De los estudios que se concentran en los restos
culturales del pasado, los cuales están directamente asociados a sus
autores como resultado de sus procesos intelectuales, socioculturales,
medioambientales y también biológicos; así como su entorno biótico, que
nosotros llamamos arqueología o bioarqueología, en algunos casos. El
interés por estudiar el aspecto de la biología humana: su variabilidad y
adaptación fisiológica, como parte del desarrollo e interacción
biocultural, tanto en sociedades contemporáneas como en poblaciones
ancestrales. Precisamente, y en palabras de R. Beals y H. Hoijer (1981),
[…] “el antropólogo biológico no es, en cierto sentido,
sino un biólogo que concentra su atención en el hombre”
[…]; y que,
lo que nos
distingue de los demás especialistas, que ven también los aspectos
biológicos, es particularmente el encuentro y la interacción de los
enfoques biológicos y culturales, en diferentes niveles de temporalidad.
En este sentido, el complejo
“sistema”
de estudio de la antropología y su aplicabilidad, se ha desarrollado,
entre otras investigaciones, tanto en la salud y enfermedad, en la
nutrición, la drogadicción, y la violencia humana. En este ultimo, los
estudios y aportes han provocado un significativo interés sobre la serie
de trágicos sucesos sistemáticos de crímenes masivos, que han proliferado
en la historia mundial reciente. Como en los campos de concentración de
Auschwitz en la segunda guerra mundial; el genocidio étnico en Ruanda,
precedido de masacres a Hutus y Tutsis; el caso de la purificación y el
desencadenamiento de las operaciones de depuración étnica en Bosnia; los
masacrados en varias comunidades Guatemaltecas, durante el conflicto
armado; las matanzas en Colombia, como el “holocausto” del palacio de
justicia; las muertes en Chile, etcétera; son simplemente algunos de los
ejemplos donde se reflejó el irrespeto por la vida.
En una compilación reciente de R. Belay y colegas (2004),
denominada
“Memoria en
conflicto. Aspectos de la violencia política contemporánea”
se
comenta lo siguiente en relación a estos sucesos proliferativos de
violencia que llevan a crímenes masivos:
“la
violencia es quizá un hecho antropológico absoluto”
de variaciones
históricas y estructurales que le son consustanciales (Belay. op. cit).
Precisamente, las experiencias de la violencia y del dolor han motivado
en la historia humana la necesidad de recordar y de reconstruir la
memoria. Al respecto Miguel Giusti (2004), refiere que la conciencia de
gravedad de esta trasgresión del orden se enmarca en un desentendimiento
violento,
“de esta insólita desmesura humana [que] ha llevado a
muchos filósofos de fin de siglo a ofrecer una interpretación
retrospectiva de los trágicos vaivenes de nuestra cultura, a darnos una
voz filosófica de alerta sobre las motivaciones ocultas y los peligros de
la repetición; en una palabra se han empeñado en “hacernos recordar” para
que “no olvidemos”. Modernos y postmodernos, universalistas y
culturalistas, comunitaristas y liberales, constructivistas y
desconstructivistas todos ellos, pese a la diferencias que los separan,
parecen estar contagiados de la misma preocupación por reacomodar las
piezas de nuestra memoria como humanidad”.
Así como, la frase
de Santayana que esta a la entrada del “museo de los horrores” que los
americanos instauraron en el campo de Dachau en Baviera, el cual señala:
“Los pueblos que ignoran su historia están condenados a
repetirla”.
En la praxis, los antropólogos han demostrado que pueden
aportar el importante potencial necesario que permite registrar e
intentar
“reconstruir las memorias”
de estos crímenes
sistemáticos ó también referidos como violaciones masivas a los derechos
humanos. Así como también en la ubicación y rescate de cientos de
millones de personas desaparecidas, que fueron ocultadas en sitios
clandestinos de entierro, precisamente para interrumpir la memoria
colectiva. La práctica de la antropología forense en todos sus campos de
aplicación nos otorgan la oportunidad de ofrecer la posibilidad de que
cada una de estas victimas fallecidas nos “cuenten sus historias”, para
que “señalen” a sus agresores y posteriormente respondan por sus actos a
la justicia. En tanto que sus familiares, finalmente, tengan la
posibilidad de aliviar el dolor, la incertidumbre, y, progresivamente
reconciliar sus “memorias heridas” en palabras de Paul Ricoeur (1999); ó,
las “heridas de la memoria”, como mencionara Elizabeth Jelin (2003).
Quizás sea una ligereza de nuestra parte, pero sospechamos que es posible
que estemos frente a un tipo de aplicación antropológica desenvuelta de
la represión teórica reduccionista; y explayada en el desenvolvimiento
teóricamente holístico de nuestra ciencia. Ya que, la magnitud y
necesidad de los requerimientos humanitarios y legales, ha resuelto la
necesidad de involucrar nuestros enfoques socioculturales, biológicos y
arqueológicos en conjunto, reunidos en un pensamiento forense.
Cuando nos ofrecieron la oportunidad de presentar este documento, en la
revista Antropólogos Iberoamericanos en Red (AIBR), nosotros aún
estábamos atendiendo una misión en la alejada comunidad selvática de
Apiza, que fuera en 1992, escenario de una de las mas crueles masacres y
torturas en la región del alto Huallaga. Desde nuestra misión en el
poblado de Apiza, ó, como dijeran los pobladores quechua-hablantes de los
andes peruanos: Ayllunkunapa qapariynin chinka chinkachispa wañuchisqanku
kuchumanta;
nos vino a la mente la idea de mostrar la importancia de la antropología
como ciencia forense, desde su aplicación a los derechos humanos;
colocando el ejemplo peruano como referencia y reflejo de los demás
lugares donde se han venido desarrollando investigaciones de esta
magnitud particularmente en Latinoamérica.
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¿Qué son las Ciencias Periciales? |
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Etimológicamente significan el saber o conocimiento de la pericia. Son
sinónimo de Ciencias Forenses o Ciencias Auxiliares del Derecho Penal.
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La práctica forense es
multidisciplinaria
Es
equivocado pensar que sólo los abogados y los médicos llevan a cabo prácticas
forenses en su desarrollo profesional.
“Forense”, es un concepto que se relaciona a los tribunales y a sus
audiencias; y a los procedimientos legales aplicados a ellos.
Cualesquier persona que tenga un amplio conocimiento
especializado en alguna ciencia o arte, puede prestar auxilio a las
instancias públicas en el quehacer de la administración de justicia, es decir
en la práctica forense.
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